-En un espejo tan pequeño... y con el
traqueteo del autobús no hay quien se arregle en condiciones
-desistió lanzando la pequeña concha al regazo de su amiga sentada
a su lado.
-¡Por Dios, Laura! Con la de exámenes
que se nos vienen encima y tú pensando en el tamaño de tus cejas.
-¡Eh, qué pasa con mis tetas!
-refunfuñó mirándose el escote-. Pues que sepas que no es
necesario estudiar tanto: “Para tener el sueldo de un ministro,
basta con casarse con un ministro” -decidió revelar al descubrir
que había atraído la mirada de sus compañeros varones.
(microrrelato presentado a la XXXI Edición de Microrrelatos de Bubok).


