Al otro lado de la sala, el experimentado nigromante
articula el hechizo que hará que se transforme en piedra.
Atrapado y sin salida en lo más profundo de la polvorienta
biblioteca, el todavía inexperto mago titubea con su varita apuntando al
malvado. Sabe que la respuesta para alcanzar su victoria se encuentra en el
aprendizaje y sabiduría ocultos en los cientos de libros apilados por las
paredes. Sin tiempo para leerlos todos, decide emplear toda esa magia de una
sola vez. Se cuelga con ambas manos de una estantería y la vuelca sobre el
brujo un instante antes de que pronuncie la última frase de su maldición.